El libro recorre algunas de las teorías económicas más "insólitas" de la actualidad. Su lectura es ideal para quién quiere estar actualizado sobre las nuevas escuelas y divertirse al mismo tiempo. Cuántos economistas se necesitan para cambiar una lamparita? La pregunta remite al chiste más famoso de la ciencia de Adam Smith y John Maynard Keynes: hacen falta dos economistas teóricos (uno para suponer la existencia de una escalera y otro para subirla); ningún economista neoclásico, porque si el foquito necesita ser cambiado las fuerzas del mercado lo harán; y ningún economista marxista, porque la lamparita lleva en su seno el germen de su propia revolución. En las páginas de chistes sobre economistas se acumulan decenas de respuestas de este tipo. Sin embargo, existen ramas recientemente desarrolladas que son tan novedosas que ni siquiera tienen chistes alusivos. Es más, algunas ni siquiera cuentan con un nombre propio. Después de todo, ¿cómo bautizar a una línea teórica que estudia cuánta lluvia tiene que caer para disuadir a una persona de salir a correr, o por qué los hombres altos ganan más que los petisos, o qué es lo que hace que tanta gente crea en las leyendas urbanas? La inflación, el desempleo y los indicadores fiscales ya no monopolizan las conversaciones entre economistas. Cada vez hay más académicos investigando temas hasta hace poco insospechados, como el sexo, el deporte o la vida cotidiana. "Es un momento tremendamente fértil y excitante para los economistas", cuenta desde Princeton Rolan Bénabou, un profesor que sigue una rama de comportamiento personal y autocontrol, bautizada recientemente como "Egonomía". La explosión temática tiene mucho que ver con la irrupción de otras ciencias en el campo de la Economía. Una de las cruzas que tiene más recorrido acumulado es la Economía del comportamiento, que incorpora herramientas de la Psicología. Un poco más cerca en el tiempo llegó el turno del crecimiento de la Neuroeconomía, que aprovecha los avances de las neurociencias para avanzar sobre un objetivo común con la Economía del Comportamiento: la destrucción del supuesto de racionalidad, uno de los pilares básicos de la Economía Neoclásica, que dominó el pesamiento económico, fundamentalmente desde la Universidad de Chicago, en los últimos 50 años. Ambas ramas descubrieron decenas de "sesgos" donde los agentes económicos se apartan sistemáticamente de la racionalidad, aún en aquellas decisiones que tienen que ver con los ahorros de toda su vida. El exceso de confianza es uno de los sesgos más famosos. Un 80% de la gente cree que es más inteligente que el promedio, y una proporción aún mayor está segura que conduce mejor un auto que el promedio. No hace falta haber cursado Estadística 1 para darse cuenta que eso es imposible. Para la Argentina, las nuevas líneas de investigación tienen un potencial fenomenal. "La teoría de las expectativas racionales posee un problema muy serio cuando se trata de explicar crisis como las que se dieron en la Argentina", explica el profesor de la UBA y economista jefe de la Cepal Daniel Heymann. Se trata de investigaciones que poco a poco están dejando de ser marginales, y que ya cuentan con su propio Premio Nobel (el psicólogo Daniel Kahneman, en 2001), varias medallas John Bates Clark en los EE.UU, journals propios y cada vez más espacio en los congresos y seminarios de la profesión. Pero más allá del entusiasmo que concitan a nivel académico y de los de-safíos que plantean para la economía tradicional, las nuevas ramas tienen una ventaja adicional: generan una explosión temática tan rica que vuelven a la economía mucho más atractiva para un lector no especializado. Y esto no es trivial. Académicos como Arjo Klamer, de la Universidad de Rotterdam, vienen alertando sobre un problema global, de "autismo" de los economistas, que los aleja cada vez más del resto de la sociedad. Las recientes investigaciones pueden ser una buena alternativa para captar la atención de un público que mira con desconfianza a los economistas, e inclusive pueden ser de suma utilidad en un aula de un colegio secundario o de un centro universitario. La teoría de los juegos corre el riesgo de sonar como una abstracción matemática a priori, ¿pero qué pasa si se la enseña a partir de un modelo con penales de fútbol, que concluye adónde conviene patear un tiro desde los doce pasos para maximizar las probabilidades de convertir un gol?
Título: La Economía de lo Insólito Autor: Sebastían Campanario Editorial: Planeta Precio: $ 29 Sebastián Campanario El autor nació en La Plata en 1973. Es licenciado en Economía (UBA), y en Periodismo (TEA). Su formación profesional comenzó en el semanario "El Economista" en 1994, y cuatro años más tarde ingresó al Suplemento Económico de Clarín, donde trabaja en la actualidad escribiendo notas de macroeconomía, teoría económica, negocios y marketing. Es asesor en temas de economía para el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. |