Califica a la censura como un crimen. Aunque es consciente que los medios de comunicación tienen sus límites y reglas. Y que hay que adaptarse a ellas. Pero sobre todo, Diego Ripoll es una persona que disfruta mucho todo lo que hace. Entrevista: Pedro Llano Era una de esas frías mañanas en las que uno desea quedarse un ratito más en la cama. Fui a radio Kabul (la de Daniel Grinbank) y luego de cruzar un pasillo me encontré con el estudio, donde Diego Ripoll estaba haciendo “Lima” (lunes a viernes de 10 a 13hs.). En su cara habían todavía rastros de almohadas y seguramente también le habrá costado levantarse, pero su buen humor y su buena onda lo disimulaban. - ¿Te arrepentís de haber pasado de radio Metro, donde hacías un éxito como “Basta de todo”, a radio Kabul? - No, para nada. Hubiese sido muy fácil para mí quedarme en la Metro, hacer lo mismo y mantener la audiencia, pero me entusiasmó este nuevo proyecto de radio Kabul y estoy muy contento con la decisión. - ¿Qué sensaciones tenés en este año con “Lima” en la radio y con “Teikirisi” en la tele? - En la radio encontré un lugar como Kabul, que es totalmente placentero. Es un páramo para mí estar haciendo el programa que me gusta en una radio que me gusta, que pasa música que me encanta. Acá estoy haciendo radio a la vieja escuela, no me hacen el programa con mensajes telefónicos. Eso me está dando un enorme placer. Por otro lado, en la tele el desafío era imponer otros códigos de humor a Telefé, que tiene a (Guillermo) Francella o a (Fabián) Gianola, que hacen otra clase de humor. Y también ahí estaba buscando un lugar, explorando cosas nuevas. Estaba bueno. - En TV volviste a trabajar con Matías Martin, ¿Cómo es? - Es siempre un placer. Él te hace muy fácil trabajar, te simplifica las cosas. Resuelve con un oficio, con una ductilidad, con un talento. Es muy fácil trabajar con Matías, yo lo adoro y la pasamos bien juntos. No nos olvidemos del gran entrevistador que es. Él genera climas, distiende a los invitados, los hace sentir bien, le saca cosas que en otro contexto no podés. Y en ese plan de complicidad logra, con habilidad, hacer buenas entrevistas. -¿Es muy distinto a trabajar con Fernando Peña? - Si, porque Matías, más allá de las facetas que pueda tener como conductor y entrevistador, es él. Peña es todo lo que hace. Peña es su arte. Él, con su genialidad, se multiplica en esos miles de personajes que hace, que todos tienen una parte de él. Yo digo que son rodajas de su personalidad. La ternura que tiene Milagritos, esa cosa maternal, también la tiene Fernando y lo mismo con todos los personajes que hace. El enorme talento de Fernando pasa por la esquizofrenia que compartimos. - ¿No te desubicaba la imaginación de Fernando? - No, todo lo contrario. A mí me encanta improvisar. Me fascina tirarme al vacío de la incertidumbre y sacar de ahí algo. Remarla para adelante e inventar cosas nuevas. Y con Fernando era eso, inventábamos historias a cada minuto. Todos los días llegábamos a la radio cerca del horario de inicio del programa, agarrábamos una punta del guión de (Sebastián) Wainraich y nos íbamos a cualquier lado. Y era buenísimo irnos por las ramas y disfrutar eso. Lo extraño horrores a Fernando, pero emprendí otro camino. Estoy experimentando conmigo a ver qué me sale a mí. Me estoy disfrutando. Con Fernando trabajar tres años es como trabajar treinta en “Rapidísimo”. Me encantó y lo disfruté. Pero tenía muchas ganas de hacer algo mío, dedicarme a eso. Tuve varios programas de radio, la tele y después empezaron a aparecer un montón de proyectos. -Hablando de Wainraich, ¿Que sentiste cuando te enteraste de la censura a Indomables? - Primero me pareció una estupidez enorme por parte de América y de (Rolando) Graña. Me pareció una aberración, por supuesto. Para mí, que soy un tipo que labura en los medios, amputar la libertad de expresión me parece un crimen de lesa humanidad. Mauro Viale llevó a criminales a sus programas toda la vida y nunca le cortaron nada. Igual que “Chiche” Gelblung cuando lleva a un neonazi y le hace una nota porque es curioso para él. En el medio también hay cierto negociado, cierta estrategia. Hay movidas entre la productora y el canal que pasan por otro lado. Desembarcaron ahora en canal trece, digamos que subieron algunos peldaños ¿no? Claro, si salís ganando ya dejas de ser una víctima de la censura.. -¿Alguna vez fuiste censurado? - Cuando Metro era de (Eduardo) Eurnekian, Peña se puso a hablar mal de los aeropuertos y lo sacaron del aire de un plumazo. Eso fue censura directa, pero por una cuestión empresarial. No era libertad de opinión política. Otra vez hablamos del sexo de “Chiche” Duhalde y su marido, y también a través del Comfer quisieron sacarnos. A mí directamente nunca me vinieron a decir nada, pero fui testigo de estos casos. Y partícipe también, porque yo tuve que salir a tapar el bache. Fernando estaba en su casa y yo tratando de mantener la fantasía a la gente que escuchaba el programa, porque en esa época no se sabía que los personajes los hacía él. -¿Cómo fueron tus comienzos? - En una radio zonal. Yo tenía una revista en el colegio con unos amigos y decidimos llevar los contenidos de la revista a la radio y ahí nació el primer programa que hicimos. Era todo muy precario. La radio era de folclore, estaba puesta en el lavadero del fondo de una unidad básica en Morón (risas). Todos hacinados ahí adentro. -¿Si escucharas una grabación de ese primer programa encontrarías cosas del Ripoll actual? - Si, total y absolutamente. Es que yo había escuchado mucha radio desde nene, en mi casa se escuchaba Rapidísimo a la mañana, a (Alejandro) Dolina cuando tenía doce y a “Lalo” Mir en “Radio Bangkok”. Entonces era muy natural para mí. Yo ya tenía como un oficio de imitador, de conductor que después se fue delineando a mi propia personalidad. Hay cosas mías de ese pibe de quince. Nunca más volví a escuchar un programa de esos, no creo que haya registros. Por suerte los incendiamos en un ritual satánico (risas). -Radio, tele, publicidad, ¿Qué es lo que más te gusta? - Todo. La radio me encanta y es sagrada para mí y más ahora que encontré una forma de pasarla muy bien haciendo lo que me gusta. En la tele cuesta todo mucho más, porque desde la idea primaria en tu cabeza hasta la realización pasa por miles de filtros. De producción, de realización, de guión, de iluminación, de sonido, de todo. Acá en la radio abrís la boca y decís lo que te interesa decir. Es mucho más simple. Y la publicidad es una buena forma de ganarme la vida. Supongo que nunca haría sólo publicidad. Si me das a elegir una de las tres cosas, me quedaría con la radio. -¿Teikirisi se identificaba con la idea primaria? - Es un conjunto de ideas, están las que compartimos y también esto de adaptarse al medio. Estábamos en Telefé, no hacíamos un programa experimental en un canal de cable. Hay ciertas reglas de juego y no podés decir: “no, no me importa, yo quiero hacer esto y si no mide, levantalo”. No, hay que mantenerlo al aire y hacer ciertas concesiones. “Éste es un año de pruebas y desafíos”, afirma Ripoll. Así lo ratifican el arriesgado cambio de emisora radial; su vuelta a la televisión, incursionando más que nunca en la actuación y la importante operación que sufrió en una de sus cuerdas vocales. Con mucho talento, hace bien todo lo que se anima a hacer. Diego Ripoll apuesta y gana. Radio Kabul: FM 107.9 |