Yuzzef hizo un largo viaje para llegar a la casa del Maestro Agbahar a fin de contarle su problema - Maestro, siento que la vida me da menos de lo que merezco... sé que debería estar mejor, ser más feliz, poseer más riquezas, y sin embargo no es así.. - Mira... en estos momentos tengo un problema -contestó el maestro-, así que ayúdame a resolverlo y luego podremos seguir con lo tuyo. - Tengo que vender urgente este anillo, ve a al mercado y trata de venderlo... pero eso si, no aceptes menos de una moneda de oro! Yuzzef accedió a cumplir con la petición del Maestro, a pesar de estar sorprendido de que ni siquiera prestara atención a su pregunta. Tomó su caballo y se dirigió al mercado, pero por más que ofreció el anillo a cuanta persona pasara, no consiguió más que burlas de la gente... - Una moneda de oro por ese anillo!!! Muchacho, lo máximo que puedo ofrecerte por ese anillo es una moneda de plata Siendo ya de noche, Yussef agotado por el esfuerzo y totalmente decepcionado, optó por regresar a la casa del Maestro. Pensó para sus adentros si sería realmente Agbahar tan sabio como se decía, o sólo un viejo ambicioso que pretendía una moneda de oro por un anillo sin valor. Al llegar le dijo al Maestro, con cierto tono de molestia en su voz: - Agbahar... ofrecí este anillo a todos los que pasaron, pero lo máximo que obtuve fue la oferta de una moneda de plata... - ¡Ahá!... -dijo el Maestro casi sin mirar a Yuzzef-, entonces hazme otro favor. Ve a la casa del Joyero Real que está frente a la Mezquita y dile que te indique el valor del anillo... pero no lo vendas, te ofrezca lo que te ofrezca... ¿has entendido? Allí partió Yuzzef a cumplir el nuevo encargo, más decepcionado aún, sintiendo que el Maestro lo tomaba como un sirviente. Al llegar a la casa del Joyero Real, le mostró el anillo y le preguntó cuanto pagaría por él. - Bueno... la verdad es que... yo diría... -titubeaba el Joyero Real mientras miraba el anillo desde todos sus ángulos- ...digamos que podría pagarte, alrededor de cincuenta... cincuenta y tres máximo. La mandíbula de Yuzzef cayó dando a su rostro una estúpida imagen e impidiéndole articular palabra alguna. Esto sin duda fue tomado por el Joyero como una hábil estrategia de regateo, ya que sin darle tiempo a recuperarse le dijo. - Está bien, está bien... veo que eres un duro negociante, pero no tengo forma de conseguir más de sesenta y dos monedas de oro en este instante. Yuzzef, sin poder articular palabra aún, logró recuperar el anillo de la mano del Joyero -que se resistía a soltar la joya- y regresó a la casa de Agbahar y exaltado le dijo: - Realmente no lo puedo creer, Maestro, el joyero llegó a ofrecerme sesenta y dos monedas de oro en ese mismo momento... ¿quiere que regrese y se lo venda? - No, Yuzzef -contestó el viejo mientras volvía a colocarse el anillo en su dedo-. Conozco el valor del anillo y se trata de una joya mucho más valiosa aún de lo que el pillo del Joyero te la cotizó... este anillo perteneció a Mustafá II, el Supremo Sultán. Aquí está su sello, y cualquier Joyero puede reconocerlo al instante. - Pero... no entiendo... ¿y por qué nadie en el mercado llegó a ofrecer más que una sola moneda de plata por él? - Yuzzef, debes saber que para advertir el valor de ciertas cosas hay que ser un experto. La gente en el mercado a lo sumo podría advertir el brillo del oro o el tamaño de una piedra inscrustada, pero ninguno de ellos era capaz de reconocer el Sello Real en este anillo. Luego de invitar a Yussef a sentarse con un gesto de su mano prosiguió: - Lo mismo ocurre con tu vida... estás esperando que la gente reconozca tu valor ... regresa y siéntete importante por vivir con provecho tu vida, y no vuelvas a darle importancia a lo que los demás piensen de ti. Ya llegará quien sepa valorarte, aquel capacitado para reconocer tu “ sello real” que sin dudas llevas dentro. Un error no se convierte en verdad como resultado de la propagación multiplicada, y tampoco la verdad se vuelve error porque nadie la perciba. GANDHI |