El 3 de septiembre de 2003 se desarrolló en el Centro Cultural General San Martín el cierre de una mesa debate que se rolongó por tres días. Este encuentro tuvo como finalidad presentar un análisis, por parte de especialistas franceses y argentinos, de la crisis económica que atraviesa la Argentina, planteando las posibles medidas que nuestro país
debería adoptar en materia de política económica para sobreponerse a dicha crisis. Entre estos especialistas se destacan: Jean Michel Blanquer, Robert Bouyer, Aldo Ferrer, Daniel Chudnovsky y Rubén Lo Vuolo.
Luego del desenlace trágico de la crisis socioeconómica de nuestro país en Diciembre de 2001, comenzó a desarrollarse en Francia y Argentina un grupo de trabajo académico con el objeto de examinar los caminos necesarios para que nuestro país encuentre la salida a dicha crisis. El contexto argumentativo de este trabajo tiene como base el planteo de propuestas
que escapen al pretendido “discurso único” neoliberal que se impone desde Washington. En este mencionado contexto, se buscó encontrar
soluciones a los problemas argentinos a partir del análisis del desencadenamiento y desenlace de su crisis.
En el mencionado encuentro, el economista francés Robert Boyer, creador de la “teoría de la regulación” y director de investigación
en el Centro Nacional de Investigación Científica, planteó su visión de los caminos que debía tomar la Argentina para salir de sus dificultades económicas, destacando que no se trataba de una única medida sino de una combinación de éstas lo que le permitirá
al país recuperarse de su situación actual. En ese sentido se manifestó a favor de “aumentar la importancia de los ámbitos productivos y disminuir la importancia de los ámbitos financieros”, obviamente
en oposición al proceso que desarrollaron los mencionados ámbitos
durante la década del ’90 en la Argentina.
Refiriéndose a un aspecto más puramente económico el destacado
economista francés sostuvo la necesidad de alcanzar una “credibilidad en la distribución del ingreso” basada en una mayor equidad. En cuanto a la política monetaria, afirmó la conveniencia de “Restablecer la soberanía sobre la moneda, el peso, mantenerlo como tipo de cambio flexible,
para recuperar un grado de libertad macroeconómica”, pero no fue en el único punto en que se refirió a la soberanía, ya que en cuanto a la política de comercio exterior se opuso a una apertura total de los mercados, defendiendo una planificación estratégica de dicho menester. Sobre el final de su exposición, realizada en un castellano un poco particular, sostuvo nérgicamente que Argentina debía “priorizar el crecimiento a la estabilidad macroeconómica”, por lo menos en esta primera etapa.
Por el lado de los argentinos, el Aldo Ferrer comenzó su participación
realizando lo que hoy podríamos caracterizar como un acertado pronóstico.
El economista del Grupo Fénix afirmó, en tono burlón: “me
preguntan qué va a pasar el 9 de septiembre, pues van a faltar 12 días
para la primavera”. La broma de Ferrer hacía obvia referencia, es
redundante decirlo, al vencimiento del pago que Argentina debía realizar en concepto de servicios de su deuda pública. A la luz de los acontecimientos sucedidos, la actitud de quitarle dramatismo a la fecha parece haber tenido mucho de razonable.
En lo más sustancioso de su discurso un muy optimista Aldo Ferrer realizó un diagnóstico del pensamiento económico imperante en el país
en la post-crisis con el que coincidieron varios de los presentes: “Con
la convertibilidad se derrumbó, también, la visión neo-liberal que nos decía: Argentina tiene que aceptar que los centros de decisión han sido transferidos a la esfera trasnacional, a los mercados financieros, entonces, la política realista consiste en transmitir señales realistas a
los mercados y esta visión, desde luego, colapsó”.
En el sentido del optimismo antedicho aseguró que el adelanto más importante de la situación actual tiene que ver con descubrir que el futuro
de la Argentina está en manos de los argentinos y no ya del Fondo Monetario, ni en los capitales externos. En este contexto hizo hincapié en las posibilidades que tiene la Argentina en cuanto a recursos humanos y naturales para salir de
la presente situación y asimismo remarcó que el escenario actual
del país es “tan espectacularmente distinto al que se vivía hace 15 meses como la propia crisis Argentina”. No obstante, subrayó
que luego de que se arribe a un acuerdo con el Fondo Monetario “va a tener que haber algún tipo de ajuste fiscal”, cabe señalar que Aldo Ferrer fue el único en recomendar ese tipo de política.
En línea con lo que afirmó este último acerca de la caída del neo-liberalismo en la Argentina, Daniel Chudnovsky, economista de la UBA y
Univ. de San Andrés, sentenció: “el consenso de Washington está muerto”, y presentó semejante afirmación nada
menos que en el contexto de las ventajas que tenía la Argentina para salir de la crisis. Por lo mismo, recomendó que lo fundamental para nuestro país de ahora en más es desarrollar una política industrial que “permita aprovechar mejor los efectos de la devaluación”.
En lo que se refiere al análisis de la caída de la convertibilidad,
el académico sostuvo que lo peor de la caída de este sistema de cambios fue, precisamente, que no era sólo un sistema de cambio sino la institución misma en que se basaban los contratos económicos, tal que: “una vez que cayó el sistema de cambios arrastró consigo
a todo el sistema contractual de la economía argentina provocando la más sistémica, en lo más amplio del término, de todas las crisis de países emergentes de los años ’90”.
En oposición a estas visiones que plantean una ruptura respecto de la hegemonía neoliberal imperante durante la convertibilidad, Rubén Lo Vuolo argumentó
que: “Argentina continúa en el régimen de acumulación
construido durante la época de la convertibilidad, las instituciones que
regulan ese régimen todavía están presentes”, y especificó
que la “aparente salida de la convertibilidad no atacó los problemas de fondo: el default no implicó una nueva política para la deuda
y la depresión de la masa salarial, fruto de la devaluación, profundizó la desigualdad en la distribución del ingreso, propia de la convertibilidad”.
El economista del ARI, manifestó que el camino para cambiar el régimen
de acumulación propio de la convertibilidad era alterar esa distribución
desigual del ingreso y propuso para ello: “un ingreso ciudadano para los
menores y un ingreso ciudadano para los mayores, esto es, un ingreso incondicional y universal para los sectores económicamente dependientes, que son los
que definen la situación de pobreza”. Por otra parte, en lo concerniente a las políticas macroeconómicas afirmó que éstas debían
ser “coordinadas, flexibles y anticíclicas”, en tal sentido
se posicionó en contra de un acuerdo con el FMI de corto plazo y propuso la negociación de un acuerdo con el organismo por “cuatro o cinco
años que otorgue mayor margen de maniobra”.
El cierre del encuentro estuvo a cargo de Michel Blanquer quién, a modo
de conclusión y desde una perspectiva menos económica y mucho más
política describió este momento de la Argentina como el “fin de la sociedad salarial”. Sostuvo que eran imprescindibles para que Argentina
abandone la situación actual “un aumento de la legitimidad y estabilización
de las instituciones políticas en general”, entendiendo por éstas
a los tres poderes del Estado y además, “la reestructuración
del sistema económico y la reestructuración territorial que equipare más la relación entre Buenos Aires y las provincias, aumentando así la integración”.
Por Juan Pablo Cremonte
Estudiante de Comunicación de la Universidad Nacional Gral Sarmiento |